Perro Come Perro

COLUMNA

La ductilidad de los medios

Las expectativas partidistas eran grandes, o eso nos hicieron creer todos. Como aquel atleta que se prepara a conciencia durante cuatro años para unos juegos olímpicos. El objetivo es conseguir medalla y ninguno se conforma con el amargo diploma olímpico.
Imagen de los principales candidatos en el Debate a Cuatro de Atresmedia.
Imagen de los principales candidatos en el Debate a Cuatro de Atresmedia.
La ductilidad de los medios

Las expectativas partidistas eran grandes, o eso nos hicieron creer todos. Como aquel atleta que se prepara a conciencia durante cuatro años para unos juegos olímpicos. El objetivo es conseguir medalla y ninguno se conforma con el amargo diploma olímpico.

Resulta significante la cobertura mediática afín a aquellos partidos derrotados en el 28-A. Sin tapujos. El Mundo, periódico históricamente en consonancia con el Partido Popular, bombardeó durante toda la campaña con mensajes contrarios a Sánchez: “El que se bajaba los pantalones ante los presos políticos, ante los asesinos o incluso ante los… ¿violadores?”.

Numerosas descalificaciones a la figura de Pedro en busca de la defensa de la “unidad de España”. Una palabra que retumba al ser pronunciada y que los políticos la articulan vacía de contenido. Una vez que Pedro Sánchez, al más puro estilo DiCaprio en El Renacido, consigue la heroica en un partido últimamente más acostumbrado a las gestoras que a gestas, la estrategia de los medios de derechas pegó un volantazo. Como ese aficionado del Madrid que tras ser eliminado de la Champions, alberga todas sus esperanzas en el Liverpool de turno (rival del Barça en semifinales). Red de pura cepa, de toda la vida.

El día siguiente a las elecciones, El Mundo publicaba el editorial: “Sánchez debe apostar por la estabilidad”. Enmudezco ante la derrota del Madrid, enaltezco los buenos resultados de la cantera y silencio la victoria de los contrincantes. Ahora el objetivo no es otro que conseguir meter al centroderecha en el Gobierno: menos que nada es. Y para ello, los calificativos despectivos hacia la figura de Sánchez no son buena idea. Dejemos la gresca para otra ocasión, a ver si se ablanda y un exmadridista como Ángel Garrido puede ser suplente en el equipo subcampeón. Desertor sí, pero mejor un neoliberal antes que un chavista en Moncloa. Los otros grandes derrotados, aunque no quieran asumirlo, son Unidas Podemos. Para un partido de reciente fundación y que se nutre del descontento político y de una derecha debilitada por la corrupción, la involución es un fracaso. El Cholo Simeone, tras sumar otro año en blanco al frente del Atlético, afirmaba que “si no puedes terminar primero, tienes que terminar segundo”. Algo así vino a decir Pablo Iglesias tras los comicios: “Nuestro resultado es suficiente para frenar a la derecha”. Resulta cuanto menos optimista ver el vaso medio vacío cuando las fugas de agua son visibles. Y así lo hacen aquellos medios progres ensalzando la victoria de la izquierda (que hace dos telediarios no representaba el PSOE), festejando el suicidio del PP y suspirando aliviados por el coscorrón de Vox. Pero, hasta ahora, nadie se acuerda del hostión podemita. Aunque para que mentir, estaba cantado. Con los medios-veleta ya expuestos, falta por hablar del único fiel a su partido. El País, con su evidente e histórica predilección por el Partido Socialista Obrero Español, no escondió durante la campaña su apoyo a Pedro. Más allá de esas encuestas conspiranoicas de favor de un CIS sanchista, siempre apostaron a caballo ganador. ¿O el caballo ganador apostó por ellos? Resultaba cuanto menos pedante que durante toda la semana anterior a las elecciones, la versión online del periódico más leído (después del Marca, cómo no), apareciese empapelada con la foto del político más guapo. Las 24 horas con el dichoso fondo rojo y el “Haz que pase”. Esa fue la frase que seguramente pronunció el jefazo de Prisa Brand Solutions cuando su secretaria le comentó que un enviado de Ferraz estaba tras la puerta con un maletín con el símbolo de la supervivencia de los medios tradicionales.    Siempre nos quedarán los medios públicos. ¿O no? ​
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