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Quid del periodista: fundamento, adaptabilidad e independencia

Sofía Torres | PCP | 15 de Febrero de 2019

Escritorio de un periodista. | Pixabay
Escritorio de un periodista. | Pixabay

Comunicación y poder es el título de la conferencia celebrada en la facultad de Ciencias de la Información los días 6 y 7 de febrero, a la que un amplio elenco de renombrados periodistas se unieron para recordar que el espíritu del periodismo sigue siendo el mismo y que es la forma en la que se ejerce lo que ha mutado.

De las experiencias que los ponentes han adquirido en este multifacético oficio han emanado verdades como jarros de agua fría sobre las cabezas de los asistentes. Los periodistas han sido convocados por el profesor Javier Mayoral, director del departamento de Periodismo y Comunicación Global, en el auditorio de la facultad de Ciencias de la Información, donde nació este periódico. Al encuentro han acudido estudiantes, profesores y otros profesionales de la comunicación. Entre debates, charlas abiertas, preguntas y respuestas, los asistentes han podido constatar que los principios básicos del oficio –ética, veracidad, objetividad, independencia, humanidad– se hacen cada vez más necesarios. He aquí el principal logro de la conferencia: han contribuido a reafirmar y adaptar esos principios a la actualidad.

Cuando se asume que la información es poder, el periodismo no puede olvidar que su función es la de contar aquello que es de interés público, aunque los poderes lo quieran ocultar. Ana Pardo de Vera recuerda cómo “la expresión de ese poder ha generado nuevos poderes” aparte del político y el económico. "A partir de la expansión de la ‘Revolución tecnológica’ y los –ya no tan nuevos– dispositivos móviles, siguen apareciendo “nuevos lenguajes y nuevas vías de comunicación”, entre las que destacan las fake news. Por ello, la directora de Público pone de relieve la “necesidad de desvincularse del poder económico” y, a la par, fomentar la "conciencia y pedagogía al ciudadano” para que no tenga dudas de que la información de calidad es su derecho, así como para que sepa dónde acudir, y dónde no, en caso de buscar información.

Un “poder emergente y enemigo del periodismo –asegura Juan Pablo Colmenarejo– es el algoritmo”. Este proceso, diseñado por matemáticos, que encamina la información en función del historial de búsquedas de cada usuario es el que “hace creer al público que tiene derecho a participar”, cuando su principal derecho es el de “saber” acerca de la realidad que le rodea. Sin embargo, “la avalancha de información que llega a nuestros bolsillos” como ciudadanos, que omite la información que no contempla el algoritmo, deja pocas posibilidades a los periodistas “de crear opinión suficiente”.

Ignacio Escolar compara el algoritmo con “llevar orejeras” y lo describe como un proceso que “fragmenta la realidad” y que ayuda a “multiplicar prejuicios”, ya que “no es más que redescubrir lo que ya nos gusta”. En su opinión, los medios de comunicación deberían replantearse si lo que quieren son "lectores que paguen por una buena información" o que tan solo den "un click".

Por su parte, Jesús Maraña ve las redes sociales como “un nuevo contrapoder” superpuesto al que representa el propio periodismo, ya que son la vía de difusión de las noticias falsas: solo así pueden prosperar y crear desinformación entre el público indeciso sobre un tema específico. A “falta de autocrítica” por parte de los periodistas, se ha dado “el inmenso error de desvalorizar su función”, lo que ha derivado en el “descrédito de los medios de comunicación”. Tal y como comprendió Lippmann hace un siglo, el director editorial de infoLibre entiende la desconfianza de la ciudadanía hacia los medios de comunicación como una “crisis paralela a la crisis de la democracia”. Es “la transparencia absoluta” la que puede ayudar “a crear comunidad de principios y valores” con los lectores.

Ignacio Cardero asiente y se lanza a secundar esta idea: “el pecado original del periodismo ha sido la gratuidad”. Es, entonces, el “pecado original” el que hace que ahora sea “un reto monetizar los contenidos”, pero es precisamente la calidad la que servirá de elemento diferenciador para monetizarlos. El director de El Confidencial se muestra convencido de que la dependencia económica de cualquier medio genera desconfianza entre los lectores. Además, reconoce que el creciente poder de los GAF (Google, Amazon y Facebook) reduce las posibilidades de acabar con la concepción del periodismo como un servicio gratuito.

El director adjunto del diario ABC, Luis Ventoso, tiene una visión mucho más escéptica sobre el “heroísmo" en del periodismo: “esta profesión está de capa caída porque compite por Sillicon Valley. Lo demás no es para tanto”, tal como expresaba en su columna El virus de la corrección política corroe la libertad de expresión, amparada bajo el antetítulo Una nueva forma de censura. Los periodistas, bromeaba, “están como los taxistas porque compiten con actores externos” difíciles de localizar. 

Raúl del Pozo, el periodista total

El ilustre columnista de El Mundo fue reconocido por la UCM "por su contribución ejemplar al periodismo español". Del Pozo es conocido por su vasto dominio del lenguaje, su permanente referencia a los clásicos de la cultura española en sus textos y su costumbre por relacionarlas con temas de actualidad. Sesenta años de experiencia lo han convertido en un maestro para muchas generaciones de periodistas. 

"​Internet es la imprenta multiplicada por mil, es la biblioteca de Alejandría al servicio de un click, es la enciclopedia, el marxismo, el invento más maravilloso de la humanidad y que ahora mismo está haciendo desastres"

La mesa que se encargó de presentarlo cayó en un jocoso descontrol que la asemejó más a una reunión de amigos con público que a un homenaje. Hubo risas, susurros, exposición de confidencias, miradas intensas e interrupciones. El moderador, Manuel Fernández Sande, no pudo sino atemperar las intervenciones de los ponentes, pues entre ellos se encontraban dos que habían compartido carrera y viajes con el protagonista: la también columnista de El Mundo, Carmen Rigalt, y el periodista retirado José Mª García. Estos, como Jorge Bustos, Jesús Fernández Úbeda y Eduardo Martínez Rico, relataron al auditorio los aspectos menos conocidos de Raúl del Pozo mientras que a él se le escapaban abruptas risotadas. Lo valoran más que a Francisco Umbral, precisamente por su incorruptible independencia. Él se frotaba la mejilla, les hablaba por momentos con la mirada, recorría su cabeza con la mano derecha, luego la enlazaba con la izquierda. 

Su carrera en el oficio de "andar, ver y contar" comenzó en el Café Gijón cuando, aún en pleno franquismo, era un lugar para el debate. Allí Raúl del Pozo preguntó a José Mª García qué debía hacer para entrar en la redacción del diario Pueblo, el periódico del Sindicato Vertical, y así escogió la invasión de las ratas en los subsuelos de Madrid como tema para su primer reportaje. La incertidumbre fue efímera, pues su pieza acabó ocupando la página noble del diario, entonces anhelada por tantos periodistas. Cuenta José Mª que "fue el primer tío que, de un reportaje, pasó directamente a la tercera página". Su compañero y amigo asegura que nunca quiso ser jefe aunque "sabía más que muchos de los que habían ocupado ese puesto".

Lo describe como "un extraño genio, a veces truhán, en ocasiones señor, casi siempre golfo". Alguien a quien "le costó saber lo que quería" antes de abrazar esta profesión. Bondad, respeto y solidaridad son las características que el periodista radiofónico destaca del columnista. "La primera condición de Raúl es que es buena gente, lo demás se sirve por añadidura". Se mostró convencido de que "la coherencia de Raúl se corresponde con su trayectoria profesional" por haber empezado desde abajo: "el reporterismo es la primera de las asignaturas". 

"Nosotros éramos reporteros, ¡y a mucha honra! Es que qué se iba a hacer en un periódico del Sindicato Vertical" cuando la tercera página estaba reservada para las noticias políticas, deportivas y de toros, las que permitían el régimen y su censura, razonaba Carmen Rigalt. La columnista desveló que, paradójicamente, Raúl del Pozo "se escapa" a la hora de narrar su propia historia. Pero reconoció que sus entradillas demostraban "una pirueta literaria y periodística francamente admirable" y que "estaban escritas con las tripas". Lo calificó, mientras veía cómo se ruborizaba, como "un maestro de las palabras" por su "faceta de escritor dentro de un corazón de periodista" que, precisamente, acostumbraba siempre a "anteponer la calle".

"La gran virtud de Raúl –puntualizaba Jesús Fernández Úbeda– es que en sus columnas informa". No se ha olvidado de que es un profesional, de que la noticia es la materia prima. El periodista de Zenda compartió con el público una de las enseñanzas que Del Pozo le encomendó no olvidar: "El que escribe se proscribe".

"A mí me llaman de los cuatro principales partidos políticos intentando que yo influya en las negritas de la contraportada de El Mundo de Raúl del Pozo", expuso el jefe de opinión del mismo diario, para apuntalar que "Raúl es el presente del periodismo", un "icono compartido por generaciones distintas" que "se tortura escribiendo". Jorge Bustos cuenta que Del Pozo es uno de los pocos columnistas que utilizan distintos registros en sus columnas: el de "la musa clásica y la musa callejera". Es algo que "los columnistas de batín no hacen", aunque sea este un modelo válido "que Umbral llevó a la magnificencia". Pero "Raúl hace periodismo en su columna, destapa exclusivas, llama a políticos y estos le llaman a él, y es el primer columnista al que sus interlocutores y confidentes no le dicen «te prohíbo que cuentes esto», sino «por favor, transgrede el off the record y sácame la negrita mañana»", narraba Bustos con mesurada satisfacción. 

Entonces, el columnista y escritor Eduardo Martínez Rico recalcó que los logros del veterano "periodista-escritor" no se debían únicamente a "competencias profesionales", sino a su bondad. Confesó que a veces se pregunta si la bonhomíaafabilidad, sencillez y honradez en el carácter y en el comportamiento, según el DRAE– "es buena o mala para un profesional. ¿No?", articula desde el asombro.

Continuó diciendo que Del Pozo "ha conseguido aliar esa cualidad humana a la profesional" por lo que, "si uno mira su currículum, esto –el homenaje– está más que justificado", defendió. Y empezó a enumerar sus puestos: "En entidades extranjeras, en España... en prensa, en televisión, en radio... Y además lo ha hecho en voz baja, sin hacer mucho ruido; con humildad... y un estilo literario". A este respecto quiso hacer reflexionar a los asistentes con otra pregunta: ¿Hasta qué punto la literatura puede ayudar al periodismo como también al periodista a decir mejor las cosas, a atrapar mejor al lector, o hacer que lo que uno escribe pueda tener una relevancia y una cierta durabilidad? 

Los minutos de oro

Sí, su "magisterio" fue el principal ingrediente del homenaje, pero cuando pudo hablar Raúl del Pozo, lo hizo ya instalado en la informalidad: rodeado del poeta y periodista Antonio Lucas; el escritor, periodista y miembro de la RAE, Arturo Pérez-Reverte; el periodista radiofónico y excelso entrevistador Carlos Alsina, con quien trabaja en Más de uno; y el crítico cultural, escritor experto en sátira y fundador de la revista semanal Mongolia, Edu Galán... Fueron tiñendo el Congreso de un humor casi camorrista –con el cortafuegos que la ternuna de Del Pozo permitía–, hasta que el matemático y rector de la UCM, Carlos Andradas, le entregó el premio.

Pero, según transcurría el homenaje, se fue percibiendo el genuino temperamento de Del Pozo, quien, dice Pérez Reverte, "vivió la vida de la farándula de la España golfa, de copas, de cuando venían Ava Gardner y los actores de cine norteamericanos". "Fue amigo de Orson Welles, de Paco Rabal", de Lola Flores y "un testigo extraordinario de esa España de la farándula" en la que ambos dos se formaron, pero de la que solo Reverte habla: "Raúl siempre ha sido muy discreto".

Estuvo en el diario de sucesos El Caso, en Mundo Obrero, en Interviú "cuando era una revista de mujeres desnundas pero que hacía el periodismo de denuncia más importante", en Pueblo y en El Mundo, donde Raúl del Pozo pudo participar en los papeles de Bárcenas, según confesó él mismo. Pero "a lo que iba..." –medita– es que "ahora dicen que esta profesión está amenazada porque unos cuantos zumbaos matemáticos de San Francisco -que jugaban al ping-pong- idearon, en términos matemáticos, un monstruo gigantesco" del que ya es imposible escapar. "Internet es la imprenta multiplicada por mil, es la biblioteca de Alejandría al servicio de un click, es la enciclopedia, el marxismo, el invento más maravilloso de la humanidad y que ahora mismo está haciendo desastres", narraba el columnista. Raúl del Pozo afirmó que "vivimos una gran transformación" mientras Google reproduce "un ejemplo de parasitarse unos a otros". Entiende que el periodismo ha sido y es  "vital para la democracia". Criticó que que las empresas periodísticas estén amenazadas "por la precariedad, la ruina", pero admitió que "hay que aprender a convivir". Del Pozo compartió su confianza "en los nuevos periodistas" y en su capacidad para "parar esta crisis".

Invitado Carlos Andradas a subir a la mesa, se expandió el silencio entre el público. Del Pozo formulaba su pregunta, en esta caso, para romper el hielo: "Me gustaría que me dijeras qué piensas de esos chicos que jugaban al ping-pong de la Universidad de San Francisco y que se fueron a un garaje e inventaron un monstruo. ¿Qué piensas de lo que está pasando en el mundo con esos matemáticos que dirigen internet y hacia dónde vamos?". Impresionado entre "tantos periodistas ilustres", de la boca del rector de la Universidad Complutense brotó que "hay que salir, hay que empujar la iniciativa y la creatividad, a veces –traga saliva y carraspea–, a pesar de las instituciones".

El Congreso confirmó que, si la esencia del periodismo es generar conciencia social y su razón de ser es garantizar el derecho a la información de la ciudadanía, entre otros derechos fundamentales, el periodista debe ser ferozmente independiente; debería actuar por el interés general; tratar ciertos temas desde la ética; su opinión debería fundamentarse en hechos, su noticia debería informar con rigor y estar armada del contexto que facilite su comprensión. Parece que solo en base a ciertos códigos el periodismo será capaz de cambiar la percepción de que la democracia es una simple etiqueta para lavarle la cara a la corrupción, por otra que demuestre que el sistema democrático es una realidad en permanente construcción de la que un periodismo plural y de calidad participa, y contribuye por y para el bien de todos.

CONFERENCIA: PARTICIPANTES
Ana Pardo de Vera: directora de Público. 
Ignacio Escolar: director de eldiario.es.
Nacho Cardero: director de El Confidencial
Jesús Maraña: director editorial de infoLibre.
Juan Pablo Colmenarejo: director de Buenos días, Madrid
Luis Ventoso: director adjunto del ABC.
Iñaki Gabilondo.
Jan Martínez Ahrens: director adjunto de El País.  
Antonio Rubio: presidente de la Asociación de Periodistas de Investigación.
Ana Pastor: directora de El Objetivo.
Ana Tudela: cofundadora de Datadista.
Antonio Maestre: periodista en La Marea.
Begoña Alegría: directora de Informativos de TVE.
Fernando Garea: presidente de la Agencia EFE.
José Pablo López: director general de Telemadrid.
Jorge Bustos: responsable de Opinión de El Mundo. El premiado
Raúl del Pozo: columnista de El Mundo y escritor.
Carmen Rigalt: columnista de El Mundo.
José Mª Gracía: periodista radiofónico.
Victoria Prego: presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid. 
Agustín Yanel: secretario general de la Federación de Sindicatos de Periodistas.
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