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12:22h. Miércoles, 17 de Octubre de 2018

Opinión | LA ÉTICA EN EL PERIODISMO

Las «purgas estalinistas» de RTVE y la mala terminología periodística

Medios de comunicación liberales y de derechas –valga el pleonasmo– se escandalizan ante las supuestas limpiezas iniciadas por la desprestigiada RTVE.

Retrato de Stalin, por I. Brodsky | Wikimedia Commons
Retrato de Stalin, por I. Brodsky | Wikimedia Commons

«Limpieza», «autoritaria», «chekistas», «comunistas». A estos despidos se les ha llamado, con un recelo exacerbado, de cualquier manera. Estos mismos medios no hablaban de «purgas» cuando en 2012 Mariano Rajoy firmó un Decreto Ley que hizo exactamente lo mismo que tanto critican. Cada vez que un partido político sube al Gobierno las televisiones públicas sufren el acoso de los secuaces ideológicos de quien se sienta en la Moncloa.

A mí lo de RTVE no me escandaliza. Es lo habitual, aunque no lo normal. Lo que me molesta es el vergonzoso lenguaje utilizado por mis compañeros periodistas, con cuyos descalificativos propios de patio de parvulario solo consiguen avivar el fuego y el odio y ponerse al nivel de la contraparte. Si no me creen, observen los exabruptos pueriles de Eduardo Inda, que si alguna vez comunica alguna información veraz él mismo cae en el descrédito por su falta de ortodoxia en las maneras de dialogar e informar. O al inefable Pío Moa, paradigma del revisionismo franquista, cuyo desdoro nace tanto de sus maneras como del uso sectáreo de las fuentes documentales.

Legitimidad de cambio

Dicho lo cual, si alguien entra a dirigir una empresa desprestigiada por su (des)información, lo primero que debería hacer al llegar a la dirección, independientemente de su ideología, es limpiar la plantilla y contratar una nueva. No es una cuestión de izquierdas o derechas ni una purga autoritaria, sino un procedimiento coherente con el mensaje que se quiere transmitir: un lavado de cara integral y necesario. Lo que me parece demencial es que se tenga que llegar esta situación porque los profesionales de la comunicación y la pantomima política no sean capaces de ponerse de acuerdo.

¿Que se justifica con una «falta de profesionalidad» el expulsar a quienes no son afines ideológicamente? Eso no puede decirse a la ligera. Habrá que analizarlo. Si hay personas que han sido despedidas por sus ideas y no por su mediocridad al violar directrices que van en contra del utópico principio de objetividad periodística, me parecería inaceptable, pues debe existir pluralidad. Pero insisto: cambiar la plantilla es el procedimiento lógico para transmitir un ansiado lavado de imagen. Ahora debemos estar atentos y ver si existe una manipulación mediática que pueda favorecer al PSOE y a Podemos, lo cual sería igualmente reprobable. Pero aviso a navegantes: en caso de que el Partido Popular vuelva a dominar el Congreso de los Diputados estaremos otra vez en las mismas. Ya no lo llamarán purgas, sino «regeneración democrática» o algún otro eufemismo ocurrente. Y los diarios de izquierdas atacarán, sable en mano, ese «nuevo fascismo» o «régimen dictatorial». De nuevo, comenzará el espectáculo.

Campañas para desprestigiar a los rivales

Un usuario de Facebook me criticó por defender «a unos periodistas sí y a otros no». Eso no es así. Yo respeto a todo el que respete los valores éticos básicos. Intento dar a cada uno lo que es justo; lo que merece. Nunca defenderé a un compañero de profesión que falta el respeto a otros, por muy buen profesional que sea, o que promueva abominaciones que van en contra de las libertades humanas, la justicia o los derechos fundamentales. Pero esa crítica no tiene nada que ver con lo que aquí expongo: me interesan, desde el metaperiodismo, las campañas de algunos medios de comunicación para desprestigiar a los ‘bandos ideológicos contrarios’. La profesionalidad y la moderación de diarios como El Mundo, La Razón y ABC dejan mucho que desear en estos casos, por no hablar de La Gaceta, Libertad Digital y Okdiario. La misma crítica se le puede hacer a InfoLibre o El Plural, que apenas han cubierto las graves acusaciones de supuesto plagio de Pedro Sánchez mientras se regodeaban con el también lamentable ‘caso máster’ de Pablo Casado.

Y así nos va: hablando de Franco (al que, por cierto, han decidido sacar del Valle de los Caídos, para desgracia de los ‘piomoas’ y gente de su calaña), de terrorismo, de independentismos, de izquierdas y derechas, abortos y eutanasias y nos centramos en falsas purgas y blasfemias… pero no analizamos los verdaderos problemas que minarán el sistema dentro de unos años si no actuamos con celeridad: la explosión demográfica, el cambio climático, el auge de los populismos, el capitalismo deshumanizado e insostenible en el que nos encontramos, la falta de espiritualidad (que no la religiosidad que intentan imponernos algunos hombres de sotana, kufiyya y otros fundamentalistas que cercenan libertades éticas con su superioridad moral), de valores éticos, etc.

No me cansaré de repetirlo una y otra vez. Habrá algunos que aún crean que son bobadas o exageraciones de mentes enloquecidas, pero a mí me parece que no queremos ver el serio problema que se nos viene encima. Querer atajarlo con xenofobias, controles migratorios, conservadurismo, retorno de los radicalismos religiosos (cristianos, musulmanes o de cualquier otra índole) y 'miradas a otros lados', como está ocurriendo en parte de Europa, solo acrecentará el problema. Y, desde luego, si seguimos utilizando terminología equívoca, ataques propagandísticos, censuras y sesgos ideológicos para explicar la realidad sociocultural y política que interesa a la opinión pública, lo único que conseguiremos es sumir a la masa en un violento caos ideológico capaz de estallar en cualquier momento. De ahí brotó el estalinismo.