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12:46h. Lunes, 21 de Mayo de 2018

Edu Galán: “Las crisis coartan la libertad de prensa. Si no nos gusta, podemos cultivar bananas”

Edu Galán durante la entrevista / CLARA ARIAS
Edu Galán durante la entrevista / CLARA ARIAS

El día que Edu Galán (Oviedo, 1980) conoció a Darío Adanti, a principios del año 2011, ambos decidieron sacarle una sonrisa a la crisis económica con una revista satírica: Mongolia. Hoy, en pleno año 2018, la supervivencia de la revista está en peligro. Mongolia acaba de perder el juicio contra el torrero José Ortega Cano, que les demandó por un cartel promocional de la revista. Cuando charlamos con Galán, meses antes de que se conozca la sentencia y días después de que el matador presentase la demanda, el fundador de Mongolia reconocía que el cartel podía salirles muy caro y que, pasara lo que pasase, no tenían pensado rectificar. Ahora Mongolia tiene que pagar los 40.000 euros que Ortega Cano les reclama por una vulneración de su derecho al honor.

¿Qué supondría para Mongolia perder el juicio contra Ortega Cano?

Tendríamos que cerrar. Cuando arrancamos, gracias a los pequeños inversores, nuestro capital social era de 59.000 euros. Si nos cae una multa de 40.000, a lo que habría que sumar los gastos, no podríamos seguir afrontando los gastos de imprenta. No podríamos afrontar nada. Perder significaría parar de editar la revista.

¿Por qué os denuncia Ortega Cano?

Ortega Cano nos denuncia porque ve uno de nuestros carteles en Cartagena. Cartagena ha sido una ciudad épica porque hemos hecho dos carteles: uno con una virgen y otro con Ortega. No me acuerdo de qué virgen era, pero por ese otro trozo de madera tuvimos problemas con la Iglesia y con algunos fieles que se manifestaron delante del teatro en el que actuábamos con ‘Mongolia: El musical 2.0’. Eso era esperable, pero no esperábamos que por el cartel que hemos hecho con Ortega Cano vestido de marciano nos reclamasen 40.000 euros. Es una cosa demencial. Además, es uno de los peores carteles que hemos hecho: Ortega Cano disfrazado de marciano diciendo “estamos aquí tan a gustito” y con un cartel en el que se lee “antes riojanos que murcianos”; un lema que utilizaron en Cartagena porque no quieren formar parte de Murcia. Pretendíamos hacer una broma con alguien distinguido de la localidad y no tenía ninguna mala intención ni ninguna vuelta.

Loa abogados de Ortega y el juez nos han dicho que teníamos que pedir disculpas o negociar para evitar el juicio, pero esto no puede negociarse ¿Cómo vas a negociar una viñeta tan blanca? Si negociamos esto, lo siguiente será negociar cada una de las páginas de Mongolia.

Habéis lanzado un crowdfunding para hacer frente a los gastos del juicio.

Sí, lo hemos lanzado a través de Verkami para recaudar alrededor de 15.000 euros para pagar a nuestros abogados y los posibles gastos. La verdad es que la recaudación no va mal, pero estamos peleando por alcanzar esa cifra para dormir un poco más tranquilos y a salvo de matadores de toros. De momento.

Dice que ceder supondría perder su independencia, ¿cómo le afecta al periodismo ceder su independencia?

La sátira se ha visto muy afectada porque es muy difícil montar un medio independiente satírico en los tiempos que corren. Cualquier cosa que digas está medida con la Ley Mordaza, los derechos al honor o la ofensa a los sentimientos religiosos y, normalmente, las revistas satíricas no son negocios boyantes. Como no son negocios boyantes te planteas si vale la pena montar algo como Mongolia, porque no vas a tener grandes beneficios y te puede meter una multa de 40.000 euros que te obligue a cerrar, a perder el trabajo o a estar hipotecado el resto de tu vida.

La posibilidad de que existan denuncias coarta la libertad de prensa. El paro entre los periodistas coarta la libertad de prensa porque te hace plantearte cómo vas a decir algo si eso hace que te echan del trabajo. Las crisis siempre coartan la libertad de prensa y la libertad de expresión, es algo habitual. Pero si no nos gusta, siempre nos podemos dedicar a cultivar bananas en Canarias. Si tú escoges lo que escoges, tienes que apechugar con el coste de lo que has escogido. Si eliges ser periodista pues tendrás que apechugar con el coste de ser periodista, igual que el que escoge cultivar bananas escoge recogerlas con un sol de la hostia.

Si el político o el poder económico-financiero-periodístico no tiene problemas con la sátira es que no es sátira, son como los Morancos

Cuando nace Mongolia, venís a cubrir un vacío que había en el periodismo en España: la sátira.

Sí, en el año 2012 no había muchos medios satíricos en papel porque, normalmente, los medios satíricos nacen durante las crisis. La sátira nunca nace en las buenas éspocas porque entonces nadie quiere saber que todo es una burbuja o que probablemente nos estén estafando o que nos estén robando.

Es en ese ambiente de crisis cuando nace Mongolia. El Jueves empezó mucho antes, llevan unos treinta años haciéndolo, pero nosotros vimos que había un espacio para combinar una parte satírica con una parte periodística. Además, Mongolia no es sólo una revista. Empezó siendo sólo eso, pero ahora es una obra de teatro (El Musical 2.0), un miniespacio televisivo con Informe Mongolia en Al rojo vivo, una serie en Flooxer (Mongolia te lo explica) y las redes sociales. Mongolia es la sátira planteada en diversos lenguajes que a todos nos interesan.

En vuestra sección Reality News analizáis la situación de los medios de comunicación y sus intereses; ¿por qué hacéis este ejercicio de transparencia ajena?

La sección de Reality News que analiza la situación de la prensa se llama Perro come Perro porque había una frase muy habitual entre los medios periodísticos que era “perro no come perro”.  Pere Rusiñol se ha lanzado a hacer esto porque cree que el cuarto poder es un poder que, igual que otros poderes, debe estar sujeto a la información. Ahora mismo los bancos son los dueños de los grandes medios así que ¿por qué no íbamos a informar de esos medios en manos de los bancos que nos condujeron a una crisis económica?

¿Quién está detrás de Mongolia?

Detrás de Mongolia están una serie de accionistas muy pequeños y cuatro personas de “la alta conducción”: Pere Rusiñol, Fernando Rapa, Darío Adanti y yo. A eso hay que sumarle una masa de unos 4.000 suscriptores que nos compran todos los meses y dan cierta viabilidad al proyecto, que se completa tanto con las participaciones en La Sexta como con los espectáculos en directo. La venta de la revista ha caído por el cierre de quioscos. Todo el papel se ha resentido, pero existe una apuesta más grande por la suscripción.

Realmente, detrás de Mongolia están sus lectores. Si no nos comprasen o no fuesen a nuestros espectáculos, Mongolia no existiría porque no tenemos ninguna inversión externa y no hay casi anunciantes que tengan las narices de meterse en nuestro artefacto. En facturación somos casi como una mercería. Una mercería que se caga en la Iglesia, en la religión, en la política y en sus propios lectores. No es que sea una mercería muy viable.

Quien no nos tome en serio, es su problema. A poco que nos leas, a poco que analices los titulares o nuestras portadas, ves que vamos muy en serio

¿Por qué decidís apostar por el papel?

Porque creemos que el papel todavía es viable. También lo hicimos por el objeto. Nos interesaba que la gente tuviese un objeto en las manos, que pudiese abrirlo y escandalizar, que apareciese en los expositores de los quioscos. Internet está muy bien, pero pasa muy rápido. El papel tiene una cosa de aplomo y, de momento, es lo que nos ha dado de vivir.

Parece que en España la sátira no nos gusta mucho.

Pasa en todos los países, si no pasase no sería sátira. La sátira no es un género que tenga que ser necesariamente humorístico, puede ser grosero, de mal gusto o provocador. Si el político o el poder económico-financiero-periodístico no tiene problemas con la sátira es que no es sátira, son como los Morancos, que hacen vídeos inanes de políticos y siguen trabajando en TVE. Eso no es sátira, es una blandenguería disfrazada de chistes de humor político. En Mongolia damos nombres y jugamos fuerte. Lo otro es un Bimbo con el que te hacen creer que critican a la clase política, pero la clase política está encantada con Los Morancos, con Pedro Ruiz y Bertín Osborne porque son de derechas.

¿Cómo crees que han cubierto los medios la situación en Cataluña?

Bueno, esto es un problema porque los medios, en general, tienen intereses institucionales. Por un lado están los medios catalanes, que tienen intereses y patrocinios de la Generalitat, por lo que se cuidan mucho de criticar el ‘procés’ y todo lo que lo acompaña; incluida TV3, que es una televisión totalmente controlada por el gobierno autonómico. Por otro lado, tenemos una prensa española totalmente ‘salvapatrias’ controlada por el Gobierno y sujeta a intereses empresariales. En medio encuentro pocos medios pero, y no es porque trabaje ahí, La Sexta está haciendo un muy buen trabajo dando voz a los dos partes. Es el único medio en el que confluyen ambas partes: puedes ver a la CUP y puedes ver al PP. Pero es un desierto, un ejemplo mínimo frente a la cantidad de medios que lo que apoyan es, por una parte, la ruptura con España y, por la otra, una especie de guerra civil casposa, muy apoyada en trapos y que no hay Dios que pueda creerse o apoyar. Cuando ves una tertulia de TVE te quieres sacar los ojos y esa es la televisión pública. Una televisión que da espacio a Carlos Herrera, que da espacio a Javier Cárdenas y la pseudociencia. ¿Qué clase de instrumento es ese? Esto es un asco.

Además, gracias a esas dos polaridades se crea un conflicto que, si hubiésemos tratado de otro modo, tanto los políticos como los medios, no hubiese acabado así. Pero, como vivimos en lo que vivimos y yo soy de los que aspira a que todo se caiga porque somos ácratas de izquierdas, pues que se mueran todos.

¿Habéis conseguido que os tomen en serio?

A mí me da un poco igual. Quien no nos tome en serio, es su problema. A poco que nos leas, a poco que analices los titulares o nuestras portadas, ves que vamos muy en serio. No somos chiquillos del instituto que quieren ponerle una almohadilla con pedos al director. Quien no te quiera tomar en serio es su problema. Muchas veces no nos toman en serio porque no les gusta lo que decimos, pero no tiene nada que ver con que no seamos serios o con que no haya un desarrollo intelectual serio detrás de cada página.