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02:37h. Miércoles, 19 de Diciembre de 2018

Cultura | Cómics sobre periodismo

Transmetropolitan, la mirada canalla del periodista Spider Jerusalem

«El periodismo es un arma. Solo tiene una bala, pero si apuntas bien, es todo lo que necesitarás», sostiene Spider en una de las viñetas de los primeros números del cómic. Transmetropolitan sitúa al lector en un futuro relativamente cercano pero distópico, de ambiente cyberpunk.

Mural callejero donde aparece el protagonista de "Transmetropolitan" | J. Keith, Flickr
Mural callejero donde aparece el protagonista de "Transmetropolitan" | J. Keith, Flickr

Cuando el escritor Warren Ellis ideó Transmetropolitan, desde el principio tenía claro que no sería una obra ni amable ni educada. Ellis estaba apunto de alcanzar la treintena y ya se había cansado de poner una cara afable, cordial y edulcorada en todo lo que escribía, que hasta el momento eran mayormente historias para Marvel. Quería mostrar una nueva faceta y lo consiguió con Transmetropolitan, que pone al lector en la piel del periodista Spider Jerusalem. La obra le valió a Warren Ellis varias nominaciones en los premios Eisner –equiparables a los Oscar en los cómics–, entre ellas las de "Mejor Serie Regular", "Mejor Historia Serializada" y "Mejor Escritor".

 

Transmetropolitan sitúa al lector en un futuro relativamente cercano pero distópico, con una ambientación cyberpunk que se esfuerza en recalcar un devenir sucio, obsceno, ruin y enlodado. La ambientación es una de las cosas más importantes de la obra, que se convierte en casi un personaje más del guión. Es crucial sumergirse en el ambiente que propone el autor para comprender el papel que desempeña nuestro protagonista, Spider Jerusalem, como periodista.

 

Ellis no escatima en detalles para narrar esta realidad: policías que dispersan grupos de prostitutas mientras un escuadrón de hombres-lobo rusos los siguen de cerca; artistas diatónicos que cantan música de la estepa mientras al otro lado de la calle se trafica con personas, o la celebración del funeral vikingo de un mensajero que vendió su piel para que sirviera como espacio publicitario, todo maravillosamente ilustrado por Darick Robertson, cocreador de la obra. Pero hay algo que mantiene sus cimientos a pesar de las transformaciones de la sociedad: El periodismo.

 

El periodismo a través de un cómic

Spider Jerusalem es un canalla. Le gusta hacer las cosas a su manera y no mueve un dedo por otro trasero que no sea el suyo. Al inicio de la serie, Spider tendrá que renunciar a su retiro espiritual en la montaña para volver a la ciudad a ejercer como periodista por un contrato con una editorial. «El periodismo es un arma. Solo tiene una bala, pero si apuntas bien, es todo lo que necesitarás», dice en una de las viñetas de los primeros números. Y, de hecho, basándose en esta afirmación, no hay nada más delicioso que ver a nuestro protagonista ejercer la profesión.

 

Uno de los motivos principales es porque a veces su actuar ni siquiera resulta tan lejano o distópico como la contextualización del entorno, y muchas de las herramientas o modus operandi que uiliza podrían ser parecidos a los de cualquier periodista de nuestro tiempo. Para ponerse al día, además de un paseo a pie de calle, Spider ordena a su tele del futuro cambiar de canal aleatoriamente cada 20 segundos u ordena a su PC cambiar de feed, también cada 20 segundos.

 

Resulta chocante que mientras lleva a cabo esta práctica incluso tenga tiempo para quejarse de lo mal que están los programas de televisión ‘informativos’. «Televisión, este es el cuadragésimo noveno programa matinal de entrevistas que me pones. ¿A quién tengo que matar para encontrar noticias?», se queja. Una ficción que no dista de nuestra realidad.

 

Transmetropolitan ofrece un punto de vista del periodismo tratado con cariño y respeto que merece la pena conocer. A pesar del universo tan diferente que se plantea, son muchas las similitudes con el día a día del periodista actual, y los problemas éticos y morales que se presentan pueden aplicarse al presente.