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02:35h. Domingo, 24 de Junio de 2018

REPORTAJE META PERIODÍSTICO

Truman Capote: periodista y escritor de sangre fría

Han pasado 53 años desde que se ejecutó la sentencia de muerte de Richard Hickock y Perry Smith, que fueron ahorcados en la Penitenciaría Estatal de Kansas por el asesinato de la familia Clutter. Desde la noche del sábado 14 de noviembre de 1959, los habitantes de Holcomb no volvieron a ser los mismos. Ya no dejaban la puerta abierta de sus casas por las noches; ya no se fiaban del silencio de las calles. Ahora dedicaban miradas furtivas de lado a lado antes de salir de su hogar, y procuraban resguardarse en él antes de que cayera la noche. Aunque esa oscuridad nocturna no salvó a la familia Clutter de ser asesinada aquel sábado otoñal de 1959.

Truman Capote firmando ejemplares de A sangre fría. Bruce Davidson, Magnum Photos.
Truman Capote firmando ejemplares de A sangre fría. Bruce Davidson, Magnum Photos.

La mañana del 15 de noviembre de 1959 Truman Capote leía en bata, como era habitual, el New York Times. Él hacía las veces de periodista, aunque nunca estudió para serlo. Le gustaba escribir y solía colaborar con revistas y medios entre novela y novela. No se ponía el sol sin que Capote se hubiera leído el periódico y por tanto, sin que se hubiera enterado de todo lo que había acontecido en el día anterior.

Nada en todo el periódico aquel día captó su atención como lo hizo la noticia que figuraba en la página 39, titulada: «Asesinados un granjero adinerado y tres miembros de su familia». Aún no se habían enterrado los cuatro cuerpos de las víctimas cuando Truman Capote llegó a Holcomb con su amiga Harper Lee, para investigar y escribir sobre los hechos. Verónica Calderón, periodista mexicana que entrevistó personalmente a varios habitantes de Holcomb por motivos de trabajo, afirma que la llegada de Capote tuvo el mismo impacto que si hubiera aterrizado allí un extraterrestre.

“El mero hecho de escribir sobre un crimen, ya es prácticamente otro atentado, otro crimen”
 

Un asesinato nunca trae nada bueno, pero en el caso de Truman Capote sí. Le dio el éxito mundial, le permitió, como afirmaba Juan Carlos Galindo, periodista cultural de El País, pasar a la historia de la literatura. Ayer se cumplieron 53 años desde que los asesinos de los Clutter fueron ejecutados, y hoy aún se lee ese pasaje en las páginas de A sangre fría; la novela cuyo escritor clasificó como nonfiction novel.

Algo hizo bien Capote si su libro se sigue leyendo a día de hoy. Francisco Cabezuelo, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, afirma que el éxito de Capote reside en que el autor fue capaz de convertir en una obra de arte algo tan repelente como un crimen. Sin embargo, para Concepción Maldonado, filóloga y también profesora de la Universidad Complutense, la clave del éxito no era el qué, es decir, el crimen, sino el cómo. «Lo que A sangre fría aportó fue un manejo increíble de las palabras y del relato. Está hecho para que el lector disfrute cuantas veces quiera del uso que Capote ha hecho del lenguaje», afirmó Maldonado con tono de admiración tras confesar que no le importaría leerse cien veces la novela.

Truman Capote posando frente a la oficina de telégrafo de Holcomb, Kansas. Fotografía de Steve Schapiro.
Truman Capote posando frente a la oficina de telégrafo de Holcomb, Kansas. Fotografía de Steve Schapiro.

Francisco Cabezuelo también le atribuye el éxito de la obra a la promoción de la misma. “Truman Capote era un gran relaciones públicas, un profesional de la promoción. Él sabe vender excelentemente todo lo que escribe en su primera época, porque luego cae en desgracia”, afirma Cabezuelo.

“Era una persona fría, maquiavélica, muy cerebral, con pocos escrúpulos”

Sin embargo, escribir un libro que muchos califican como obra de arte no fue tarea sencilla, y tuvo mucho que ver con la personalidad del escritor. Miguel Ángel González, premio Letras de novela corta y profesor de escritura en la escuela Ítaca, no descarta que Capote hiciera que los datos jugaran a su favor. «Contó la historia como quiso, se centró en los detalles que a él le parecían más interesantes para la ficción», afirmaba contundente González. «Era una persona fría, maquiavélica, muy cerebral, con pocos escrúpulos», así lo definía Maldonado, mostrándose en desacuerdo con la forma de proceder de Capote. «Era una persona con un plan de acción diseñado», añadía.

Truman Capote no acudió a Holcomb con la idea de escribir una novela, su primer propósito fue escribir un artículo que reflejara cómo habían vivido los lugareños el crimen, y si lo acontecido en el pueblo había mermado la confianza vecinal. Sin embargo, todo cambió a partir del 6 de enero de 1960, día en que llegan a la comisaría del pueblo los dos asesinos de los Clutter, Richard Hickock y Perry Smith. Capote pronto se fijará en el segundo mentado, con quien entablaría una relación que Galindo califica de enfermiza. Capote se empeñó en saber todo lo que había sucedido la noche del 14 de noviembre de 1959, y en conocer a los asesinos en profundidad. No tardó mucho en descubrir que Smith era la llave de su éxito. Según Cabezuelo, «Smith es el ejemplo de que nadie es bueno ni malo las 24 horas del día, y de que se puede perder el control». Todo esto le daba a Capote para más que un artículo; era su próxima novela. Aunque esta pretensión que dio como fruto A sangre fría, fue según Cabezuelo otro homicidio porque «el mero hecho de escribir sobre un crimen ya es prácticamente otro atentado, otro crimen».

Perry Smith y Truman Capote, fotografiados por Richard Avedon.
Perry Smith y Truman Capote, fotografiados por Richard Avedon.

Y lo es aún más si se tienen en cuenta las armas que empleó Capote para relatar ese crimen. La información no vino sola. Capote sobornó, manipuló y pasó por encima de todo aquel que se interpuso entre él y su obra. Incluso sobre Hickock, el asesino que se atrevió a escribir su propia versión de los hechos en una novela de 200 páginas que Capote se encargó de silenciar para que no eclipsara la suya, aunque, tanto Cabezuelo como Maldonado coinciden en que no querrían leer la historia desde el punto de vista de la persona que se había manchado las manos. «Una persona cuyo punto de partida era el fin justifica los medios», así definía Maldonado a Capote. Incluso frente al asesino Smith, con quien Capote estableció un vínculo afectivo, primó su obra, su fin. No se sabe con certeza hasta qué punto llegó la relación del escritor con el asesino, aunque en el libro que George Plimpton escribió sobre Truman Capote se afirma que entre ellos surgió el amor.

Entre Capote y Smith afloró una relación de extraña necesidad; Capote proporcionó a los asesinos un abogado para que apelara a una instancia superior y así se retrasara la condena de muerte, para poder ganar tiempo y seguir sonsacándole información a Hickock y a Smith. «Durante ese periodo, entre Smith y Capote surgieron relaciones. De tanto trato… se hizo el afecto», afirmaba Cabezuelo, que añade: «Al mismo tiempo, en paralelo, Capote quiere ya que se ejecute la sentencia para tener un final para su historia. Son las dos realidades que vive». Ese conflicto de intereses fue una situación difícil para Capote. Dado el momento, los asesinos le pidieron que les consiguiera un buen abogado para la última apelación. Si la ganaban, podrían vivir.

“Una persona cuyo punto de partida era el fin justifica los medios”

Sin embargo, ese habría sido un pésimo final para A sangre fría. Así que, a pesar de los vínculos que lo unían a Smith, Capote se negó a buscarle un abogado a él y a su compañero, condenándolos él también a muerte. Una muerte —ejecución— que el propio Capote presenció. Fue un conflicto de intereses del que Capote nunca se recuperó. «Si un sentimiento destruye es el de culpa, la incapacidad de perdonarse a uno mismo es lo más demoledor que puede roerte por dentro», afirmó Maldonado, que también atribuía a ese sentimiento el posterior declive del escritor. Sobre ese mismo conflicto Francisco Cabezuelo afirmó: «Es algo que psicológicamente lo destrozó, pero no fue ese el único motivo. Tenía muchos frentes abiertos: el alcohol, las drogas, su imposibilidad para conseguir más éxitos literarios, su infancia…».

Capote era el hijo de una mujer con aires de grandeza que siempre había soñado con vivir en Park Avenue. Sin embargo, el padre de Truman Capote no podía permitirse tal lujo y ella lo abandonó. En cuanto al niño, lo dejó aparcado en manos de unas tías en Alabama. Allí creció Truman Capote, hasta que su madre se casó con un hombre rico siempre trajeado que la llevó por fin a vivir a Park Avenue, y del cual el escritor tomó el apellido Capote. Miguel Ángel González señala que esa dura infancia hizo que Capote se creara una coraza de protección con ese personaje tan excéntrico que él mismo diseña. Un personaje que es el Capote que todos conocen: brillante, calculador y excesivamente estrafalario.

“Harper Lee fue el picaporte de más de una puerta para Capote”

Durante esa dura etapa que fue su infancia, Capote conoció a Harper Lee, su vecina y autora de Matar a un ruiseñor. La relación entre ambos también fue siempre peculiar. Según Miguel Ángel González, eran dos escritores con un carácter fuerte y era normal que chocaran. Por otro lado, Francisco Cabezuelo, señala que Capote y Lee siempre estaban compitiendo y, añade: «Seguro que Capote sentía envidia, y conociendo al personaje, envidia mala».

Harper Lee y Truman Capote en Holcomb, Kansas. Associated Press.
Harper Lee y Truman Capote en Holcomb, Kansas. Associated Press.

No obstante, le pesara o no, Harper Lee era la única amiga que tenía Capote al margen de la alta sociedad neoyorquina con la que le gustaba codearse. Según Miguel Ángel González, ese deseo de permanecer en la cima se debía a la falta de afecto sufrida en la infancia. En cambio, para Juan Carlos Galindo, Truman Capote sentía debilidad por esa élite, simplemente porque «le gustaba ser influyente y estar bien rodeado». Sin embargo, a la hora de la verdad, de pedirle a alguien que lo acompañara a Holcomb, Capote pensó en Lee, y no en ninguna de sus amigas famosas.

Sin Lee probablemente Capote habría tardado más en acceder a la información que se documenta en A sangre fría, a pesar de las múltiples mañas de las que disponía para conseguirla. Lee, de cara a un pueblo pequeño y conservador como Holcomb, le aportaba a Capote la fiabilidad de la que él carecía.

Verónica Calderón, afirma: «Harper Lee fue fundamental en el proceso. Las personas a las que entrevisté, que la conocieron, hablaban maravillas de ella. Sin duda fue el picaporte de más de una puerta para Capote». Gracias a ella, los lugareños poco a poco, comenzaron a confiar en Capote y a abrirse emocionalmente, contándole cómo habían vivido el reciente asesinato de la familia Clutter.
Los habitantes de Holcomb no soportan hablar sobre el asesinato de los Clutter. Según Verónica Calderón, A sangre fría es un libro que hizo famoso a su pueblo por razones que, en la opinión de la mayoría de los habitantes, no identifica la imagen que tienen de sí mismos. Preferirían ser recordados por otra cosa, o vivir en el olvido como había sido siempre. Asimismo, a los lugareños tampoco les ilusionó el fuerte rumor que vinculaba sentimentalmente a Capote con Smith. Según Calderón, «Holcomb no es San Francisco, el ambiente hacia la homosexualidad era hostil».

Años después de haber publicado A sangre fría, el propio Capote afirmó: «Me dediqué a aquel crimen oscuro en aquella parte remota de Kansas porque me dio la impresión de que, si lo seguía de principio a fin, me proporcionaría los ingredientes necesarios para llevar a cabo lo que sería una hazaña técnica. Era un experimento literario cuyo tema elegí no porque me atrajera especialmente, que no era el caso, sino porque convenía a mis propósitos literarios»

Quizá sea por afirmaciones como esta por las que el fiscal del caso Clutter, Duane West, mantiene a día de hoy, a sus 85 años, que Capote aprovechó una tragedia para lucrarse. Fue el modo en que Hickock y Smith asesinaron a los Clutter, lo que hizo que Capote titulara su libro A sangre fría. Pero los asesinos no fueron los únicos a los que les corría por las venas sangre helada. La premeditación con la que Capote escribió su obra, y planificó cada uno de sus movimientos hasta que la llevó a la cima, solamente es propia de un escritor de sangre fría.

Truman Capote firmando ejemplares de A sangre fría. Bruce Davidson, Magnum Photos.
Truman Capote firmando ejemplares de A sangre fría. Bruce Davidson, Magnum Photos.