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05:34h. Lunes, 23 de Julio de 2018

OPINIÓN

¿Para qué sirve un grado en Periodismo?

Me lo pregunto porque estoy a punto de terminar uno, con la consiguiente inversión de tiempo y dinero por parte de diversos agentes (incluido tú, lector o lectora) y a mi familia y amigos, fíjate qué tontos, les gustaría sentirse orgullosos de mí.

Facultad de Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid | Ciencias de la Información
Facultad de Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid | Ciencias de la Información

Sería, sin embargo, un orgullo infundado, porque un grado en Periodismo tiene el mismo valor que un billete del Monopoly, y así debe ser, según una serie de señores con grados, másteres e incluso doctorados en Periodismo.

Hay quien te dirá que lo que pasa con los grados en Periodismo es que están muy mal planteados. Falta economía. O falta posicionamiento SEO. Sobra teoría de la información. O sobra dirección y gestión. Deberían parecerse más a los de publicidad. O deberían diferenciarse más de los de publicidad. Falta práctica. Sobra teoría. Deberían ser como un grado de FP. Pero con beca y birrete al final.

No hace falta estudiar para ser periodista. Hay muchos profesionales que no tienen la titulación: Ignacio Escolar, Jordi Évole o Antonio Maestre, por nombrar algunos. Son titulados Josep Pedrerol, Lidia Lozano o la reina de España.

Al menos el 80% de los trabajadores de los medios de comunicación son graduados o licenciados en Periodismo (si incluimos la licenciatura en Ciencias de la Información), según el último Informe de la profesión periodística de la APM. Así que ni tan mal.

Sin embargo, un grado en Periodismo no sirve para trabajar en El País, el periódico más leído de España. Para eso tienes que estudiar cualquier otra cosa y hacer el máster de El País (por el módico precio de 13.300 euros). Parece ser que tampoco sirve para “entrar en la bolsa de trabajo” de Radio Nacional de España: para eso tienes que hacer el máster de Radio Nacional de España. TVE también tiene un máster propio. Y el ABC. El Mundo tiene varios. Puede ser una política razonable. Es una barrera.

Joseph Pulitzer creía que las escuelas de periodismo formarían periodistas cultos, críticos e incorruptibles, como los de las películas de Hollywood. Al final de su vida donó parte de su fortuna para ello. Los planes de estudios de periodismo de hoy en día guardan ciertas similitudes con los que Pulitzer imaginó, pero está claro que la idea tenía lagunas: saltarte la clase sobre la diferencia entre periodismo y publicidad para elaborar branded content, a cambio de un salario real o figurado, es lo mejor que puedes hacer con tu vida. Y lo sabes. Hay consenso en torno a ello.

Un grado en Periodismo sirve para hacer contactos. Un periodista especializado me contaba en una entrevista que estuvo a punto de dejar la carrera en segundo, sentía que estaba perdiendo el tiempo, pero su jefe le aconsejó que siguiera porque ahí tendría la oportunidad de conocer a mucha gente relevante. Y así fue.

Dios me libre de negar la importancia de tener contactos. Ahora bien, que el Estado financie el funcionamiento de un lugar cuya principal utilidad es que un grupo de jóvenes más o menos aleatorio haga contactos, previo pago de matrícula, no me parece la idea más razonable. Entiendo la verdad que hay tras eso de que “el mejor aula es la cafetería”, pero no puedo evitar sentirme estafada cada vez que lo escucho. Sobre todo cuando viene de los profesores.

Un grado en Periodismo sirve para tener un grado. Tener un grado está bien. Te permite presentarte a oposiciones. Te confiere un halo de autoridad en algunas discusiones de bar.

Un grado en Periodismo sirve para que cuando algún trabajador de un medio de comunicación publique una información cuestionable, el tuitero de turno pueda emitir el clásico lamento: “cuatro años de Periodismo para esto…”

Un grado en Periodismo sirve para ser universitario, que no es poco. El bachillerato no te prepara para la universidad (y menos mal).

La universidad es ese lugar donde el estudiante de primer año de Ingeniería Aeroespacial con el mejor expediente de España no asiste a clase porque otro estudiante dos años mayor, que vive con él, le ha ordenado confeccionar un disfraz de pollo. Y quizás algún día lo recuerde con emoción. Ese lugar donde un candidato a rector celebra su pase a la segunda ronda de votaciones invitando a toda su facultad a cerveza y hamburguesas gratis. Y gana las elecciones.

Hay gente que trabaja en universidades pregonando que estas desaparecerán en un futuro próximo, ya que todos estudiaremos online, pero la cosa no va exactamente así. La universidad lleva siglos de existencia, no está amenazada como institución. Si eso, seremos nosotros los que desapareceremos de ella. Ya sabéis, la gente que sobra. Sobra mucha gente. Los que sobramos estudiaremos online. A horas raras. Cuando podamos. Nos pondremos a buscar los contactos en otro lado, en otras cafeterías. Pero la universidad seguirá a lo suyo.

Estoy a punto de conseguir un grado en Periodismo, y creo que he aprendido bastante por el camino. Perspectiva histórica. Visión global. Rigor. Sentido crítico. Algo de redacción, algo de técnica. También creo que podría haber aprendido mucho más.

Tal vez el periodismo como carrera sea un absurdo. Un invento de los periodistas, que estaban acomplejados por no ser universitarios, como dice Soledad Gallego Díaz. Tal vez la propia naturaleza de la profesión impida justificar cuatro años de estudios. Tal vez esos cuatro años estarían mejor empleados aprendiendo otra cosa. Pero dado que los grados en Periodismo existen, y los jóvenes de dieciocho años tienden a pensar que son útiles e interesantes, estaría bien que hiciésemos lo posible por convertir a sus estudiantes en buenos profesionales en lugar de encogernos de hombros y dejar que actúe la selección natural, siempre sabia, como si el tiempo y el dinero dedicado a estos estudios no tuvieran valor alguno.

Si no existe esa voluntad, cerremos el chiringuito. Cada mochuelo a su olivo. Las urracas, lejos.